martes, 20 de marzo de 2012

Los gallos de pelea según sus plumas

Gallo de pelea tipo: calvo
El tamaño y ordenamiento de las plumas de los gallos de pelea marcha de acuerdo con la zona en las que éstas se encuentren. Estos sitios son: la cabeza, la golilla, el pecho, las alas, el lomo, los cuadriles, los muslos y la cola (las de la pechuga y el fondillo no se consideran al señalar o definir un color cualquiera). Las de la testa son las más pequeñas y finas; sin embargo, su composición misma las hace, pese a su reducido tamaño, densas y sólidas. Se desplazan desde la parte superior del pico, hasta poco más abajo de la terminación de la cresta, acordonando toda la base de esta. Su importancia es capital: es un “colchón protector” del cerebro del gallo de pelea. (Esa es la razón por la cual los gallos peleadores “calvos” se privan, aturden, muchas veces, con una simple patada).
La golilla.- Por golilla entendemos el conjunto de plumas que empiezan a surgir a eso de media pulgada de la cresta del gallo de pelea y que, unidas a las que están a ambos lados del pescuezo, van a descansar en el lomo del animal y sobre los troncos de las alas de éste.
El pecho.- Visto de frente, es el triángulo que se le ve al gallo, cuyo vértice señala la garganta del mismo y la base corre por debajo del descanso de las alas para ir a cubrir el buche y asentarse en la pechuga.
Las alas.- Las que componen y revisten estas extremidades.
El lomo.- Es la porción que queda visible en la parte superior entre las dos alas cuando están cerradas, el final de la golilla y el nacimiento de la perilla o base del rabo.
El cuadril.- Sector entre el lomo, los muslos, la pechuga y el buche (otros lo llaman encuentro).
La cola.- Aquí debemos considerar dos partes: la perilla y la cola propiamente dicha. La primera es una protuberancia carnosa (con sus respectivos huesecillos) en forma de corazón invertido, y es la prolongación de la espina dorsal del ave; de ella surgen las plumas más largas: el rabo.
Los muslos.- Las plumas que cubren estas extremidades inferiores, pero que cuentan poco para definir el color del gallo de pelea, porque son tusadas para pelear.
Después de haber visto las partes plumadas, regresamos a la cabeza para resaltar sus componentes no detallados: las fosas nasales, ojos, oídos y las barbas.
Las fosas nasales.- Son los orificios que se encuentran en la base del pico unos pequeños cometes, en forma de media luna, llamados “narigones”, cubren cada una de las dos entradas.
Los ojos.- Sobran las explicaciones. Pero debemos decir que además del párpado que se le observa a simple vista, posee otro transparente -entre aquel y el globo del ojo- cuya función es mantener el ojo húmedo.
Detrás de los ojos del gallo encontramos los oídos, que aparecen como una pequeña cavidad circular cubierta de plumillas, las que funcionan como efectivos filtros.
Por último, y colgando a ambos lados de la cara, observamos dos brillantes -una redonda y otra ovalada- “chapas de carne” finas y poco consistentes: son las barbas. Estas, al igual que la cresta, son cortadas, mejor dicho, extirpadas, en los gallos destinados a la lidia.
Las patas.- Comprenden los dedos -tres delanteros y uno trasero, con sus respectivas uñas- unidos entre sí por unas telillas; las cañas, que van desde la planta del pie hasta los muslos y donde se encuentran las espuelas.
El peso.- El peso oficial de un gallo de pelea va desde 2-12 (2 libras y 12 onzas) hasta el 3-15 (3 libras y 15 onzas) con sus media y tres cuartos. Con el advenimiento de los Cornish este límite se ha ampliado. (Dijimos peso oficial porque ese es el de un ejemplar normal, y por el cual la administración de la valla paga al gallero. Más claro: esta abona una suma -previamente convenida entre ella y el gallero- por cada animal que éste lleve a pelear. Esta cantidad de dinero -coima, saca- oscila de acuerdo con los fanáticos que paguen entrada por ver combatir al animal en cuestión.

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